viernes, 8 de octubre de 2010

David Attenborough: "La televisión enciende llamas de pasión por la ciencia, que los libros habrán de alimentar"

Recientemente he tenido el placer de entrevistar de nuevo a Sir David Attenborough. Todo un caballero en la televisión y en vida real. Éste es un fragmento de la entrevista, publicada en el último número de la revista Mètode.

Después de más de medio siglo recorriendo el mundo para mostrar la naturaleza a través de la televisión, Sir David Attenborough no ha perdido un ápice de pasión por su trabajo. A sus ochenta y cuatro años, sigue plenamente activo, buscando nuevas historias sobre la vida natural que llevar a las pantallas. Entre sus todavía frecuentes viajes, escribe los guiones de proyectos, en su casa de siempre, en el tranquilo barrio residencial de Richmond, a las afueras de Londres.

Aunque no están a la vista, algún armario de esta casa guarda innumerables diplomas y trofeos, que certifican que Sir David ha recibido los más importantes reconocimientos por su trabajo de divulgación de la naturaleza. El más reciente ha sido el premio Príncipe de Asturias, que recogió el año pasado. “Una experiencia sorprendente –recuerda-, sobre todo por el modo en que toda la ciudad acoge este acontecimiento. Con esas maravillosas bandas de música local, que yo no conocía. Lo pasamos muy bien. Fue sensacional”.

David Attenborough transmite vitalidad, energía y pasión. Su conversación, fluida y jovial, permite entrever una enorme curiosidad por todo lo que le rodea. Probablemente la misma que le llevó hasta la televisión, a comienzos de los cincuenta. Tras ser rechazada su solicitud para trabajar en la radio, en 1952 comenzó su carrera como productor, presentador y guionista, en la incipiente televisión de la BBC. Desde entonces, los espectadores británicos - y de otros muchos países-, han visto su imagen asociada a las más sorprendentes secuencias de vida natural, en cualquier rincón del planeta.

-¿Recuerda alguna secuencia que haya tenido un impacto especial en el público?

-Hubo una que hice con gorilas en África central, que probablemente tuvo mayor impacto que ninguna otra. No porque dijera algo particularmente interesante sobre la naturaleza sino porque fue toda una aventura. El gorila es un animal que consideramos poderoso, tal vez peligroso, pero que resultó ser muy tierno.


La memorable secuencia forma parte de la serie Life on Earth (La vida en la Tierra, 1979), un trabajo que supuso una pequeña revolución en el modo de hacer documentales sobre la naturaleza.

-Sí, realmente Life on Earth fue el comienzo de un nuevo estilo. Hacia 1976-77, por primera vez, era posible volar a cualquier lugar del mundo con cierto grado de fiabilidad. Así que, por primera vez, podías pensar ‘rodaré una secuencia en Australia o en el norte de Canadá’ y sabías que podrías hacerlo. El hecho de que nos moviéramos del desierto desde el Sáhara hasta el arrecife de coral de Australia, en la misma frase, causó una gran sensación en el público. Creó la impresión de que, por primera vez, podías ver el globo terráqueo como un globo, como un mundo.

-En estas cinco décadas, muchas cosas han cambiado en el modo de hacer documentales, comenzando por la tecnología.

-La tecnología ha cambiado mucho. En los años cincuenta no era posible registrar imagen y sonido sincrónicos, la imagen era en blanco y negro, la televisión tenía 405 líneas, en lugar de 625 y la película tenía tan poca sensibilidad que no era posible filmar dentro de un bosque tropical, a no ser que cortaras un poco la vegetación para que entrara más luz. Y ahora podemos filmar por la noche, tenemos cámaras móviles, cámaras diminutas para filmar dentro de un agujero... En los documentales sobre la naturaleza hay varios desarrollos tecnológicos que han tenido un gran impacto. Por ejemplo, la posibilidad de filmar desde el aire, a gran altura, con una imagen muy estable. Pero entre todos ellos, yo creo que la imagen en color fue el salto más importante. Hoy en día es difícil imaginar lo que técnicamente no es posible. Ahora mismo estoy escribiendo un guión para una película en 3D sobre la naturaleza. Por tanto, hemos pasado del blanco y negro al color en tres dimensiones. Así que me siento muy afortunado de haber visto estos enormes cambios a lo largo de mi vida.

-¿Qué otras cosas han cambiado, además de la tecnología?

La audiencia ha cambiado mucho. Cada vez es más sofisticada, ahora sabe mucho más sobre la naturaleza. En los años cincuenta, mostrabas una imagen lejana y medio borrosa de un elefante y la gente pensaba que era maravillosa. Pero ahora no puedes hacer eso. La gente ha visto a los elefantes nacer, aparearse, pelear...Así que no hay muchas cosas nuevas importantes de la vida del elefante que puedas imaginar, aunque siempre habrá detalles, por supuesto. Así que la filmación tiene que ser cada vez mejor.


-Vd. ha participado en varias campañas para apoyar la difusión de la ciencia a través de la televisión. ¿Por qué es importante que haya ciencia en la televisión?

-Vd. y yo tenemos la suerte de vivir en sociedades democráticas, en las que la opinión pública gobierna lo que hacen los políticos, al menos hasta cierto punto. Y los ciudadanos han de tomar decisiones y expresarlas en sus votos acerca de todo tipo de cuestiones esenciales. Por ejemplo, si han de vacunar o no a sus hijos. Y ¿cómo deciden si hacerlo o no? Simplemente, ¿la gente ha de tragar lo que le dice el gobierno? O, por el contrario, ¿debería el gobierno preocuparse de que la gente sepa, al menos un poco, sobre medicina? Y no sólo sobre medicina. Por ejemplo, ¿qué hacemos con la energía eólica o con la contaminación? Y, por tanto, habría que dar a los ciudadanos la oportunidad de tomar decisiones. Si un gobierno cree que no es importante lo que la gente piense, les dará “pan y circo” y hará lo que quiera. Pero, si considera que una sociedad democrática ha de recibir una educación adecuada, entonces hay que conocer la ciencia, porque está en la misma base de nuestra civilización.


-Pero la ciencia no resulta fácil de comunicar en televisión.

-El problema es que la televisión lleva su propio ritmo, que no es el suyo ni el mío. Si estás leyendo un libro sobre una cuestión científica compleja, tienes la oportunidad de leerla más de una vez hasta entenderla. Pero en televisión esto no es posible. Por tanto, o bien nos situamos en un nivel de instrucción muy elemental, o bien te aseguras de que lo que ofrece el televisor es una propuesta científica que resulta tan interesante que el espectador diga después “sí voy a buscar un libro sobre ese tema”. Así que la televisión enciende fuegos de entusiasmo que los libros tendrán que alimentar. Aunque es muy importante que la ciencia esté presente en ella, la televisión por sí misma no es suficiente.

Podéis eschuchar un fragmento de la entrevista en la sección de ciencia de 98.3 radio:

http://www.unav.es/98.3/auto/manualdeciencia.php

4 comentarios:

  1. Anónimo8/10/10 5:18

    Creo, que los libros van a desaparecer (serán cosa del pasado; pues la técnica no dejerá tiempo para nada más que aprender, en el menor tiempo posible); solo lo compacto, se utilizará y la "Cibernética Inteligente", hará el resto.

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  2. ¿Quién sabe? En todo caso, espero que eso no ocurra nunca. Los medios digitales tienen muchas fortalezas pero también gramdes debilidades. Una de ellas es que promueven el pensamiento rápido y hacen más difícil la reflexión que propicia un buen libro. Claro que existen libros digitales pero, por el momento, creo que lo digital, en su conjunto, potencia más lo rápido e inmediato.

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  3. ¡Gran entrevista, Bienve!

    Aperitivo perfecto para Telenatura.

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  4. Qué buen trabajo, Bienve. Interesantísimo.

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