Tras varios meses en segunda posición, Telecinco ha recuperado en septiembre el primer lugar en el ranking de audiencia de las cadenas españolas. Las cifras nos proporcionan una buena oportunidad para reflexionar brevemente sobre los contenidos que han permitido a esta cadena recuperar el liderazgo.
No hay que ser un lince para comprobar que el combustible de Telecinco sigue siendo el mismo. Su prime time ofrece una combinación que casi no ha cambiado en los últimos años: corazón, realities, series y...más corazón.
¿Cuál puede ser entonces el motivo de este acelerón? Desde mi punto de vista, el unico secreto está en echar más leña al fuego, es decir, introducir contenidos cada vez más agresivos. Algunos programas de corazón emitidos por Telecinco en etapas anteriores parecían haber roto ya todos los límites de falta de respeto al público e incluso a sí mismos. Pero no. Todavía eran posibles nuevas vueltas de tuerca. Lo difícil será seguir avanzando por ese lamentable camino. Pero -que nadie se preocupe-, algo se les ocurrirá a los responsables de la cadena.
¿Qué decir de los realities? Convertidos en refugio de personajes que parecen actuar al dictado de guiones absurdos escritos por los productores de los programas.
Y finalmente, la ficción. Las series de ficción se han convertido en un escaparate de adolescentes desatados, que ofrecen modelos de conducta poco edificantes, como si se tratara de comportamientos normales e inocuos.
Nada nuevo, por tanto. Simplemente combustible de más octanos. Habrá quien esté celebrando el liderazo pero a mí me resulta difícil vitorear un éxito de audiencia basado en estos contenidos.
Una visión personal sobre la televisión que tenemos y la que nos merecemos. Por Bienvenido León
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martes, 6 de octubre de 2009
viernes, 3 de julio de 2009
El fracaso de los nuevos programas
Se acumulan los síntomas de agotamiento de la televisión convencional. Según un reciente informe de la consultora Corporación Multimedia, el 70% de los programas lanzados por los canales españoles, durante la temporada que ahora termina, resultaron un fracaso. La debacle alcanza a todo tipo de programas: talk shows, realities, ficción. Por ejemplo, sólo 4 de las 22 tv movies estrenadas lograron buenos resultados de audiencia.
El índice de fracasos, aunque rotundo, es similar al de años anteriores. Pero no por repetido deja de ser rotundo y sorprendente. Resulta asombroso que una industria poderosa y millonaria, no sea capaz de encontrar contenidos que interesen al público y se limite a dar nuevas vueltas de tuerca a ideas manidas que carecen de uno de los principios fundamentales en cualquier otro sector económico: la innovación.
Ciertamente ha sido un curso con fracasos estrepitosos. Entre todos ellos, quiza el más sonado haya sido el del nuevo programa de Javier Sardá. A pesar del éxito que acompañó al periodista en sus anteriores aventuras televisivas, "La Tribu" se mantuvo en antena durante poco más de un mes. Desde mi punto de vista, el fracaso de este programa fue una buena noticia para la salud cultural del país. No en vano, en su anterior late night show, Sardá había ofrecido un espectáculo cada vez más lamentable, erigiéndose por derecho propio en el rey de la telebasura. Tal como él mismo declaró en una entrevista, "Crónicas marcianas" le sirvió para ganarse el respeto del director de su banco, es decir, para engordar su cuenta corriente. Pero no es menos cierto que el programa no le acarreó el mismo respeto de buena parte la audiencia ni de la profesión periodística.
A la vista de los resultados, parece que el público está saturado de muchos de los contenidos actuales. Tengo la impresión de que hay una brecha cada vez mayor entre lo que ofrecen las cadenas y lo que interesa a los espectadores. Lo sorprendente es que los programadores sigan, año tras año, empeñándose en ofrecer más de lo mismo.
El índice de fracasos, aunque rotundo, es similar al de años anteriores. Pero no por repetido deja de ser rotundo y sorprendente. Resulta asombroso que una industria poderosa y millonaria, no sea capaz de encontrar contenidos que interesen al público y se limite a dar nuevas vueltas de tuerca a ideas manidas que carecen de uno de los principios fundamentales en cualquier otro sector económico: la innovación.
Ciertamente ha sido un curso con fracasos estrepitosos. Entre todos ellos, quiza el más sonado haya sido el del nuevo programa de Javier Sardá. A pesar del éxito que acompañó al periodista en sus anteriores aventuras televisivas, "La Tribu" se mantuvo en antena durante poco más de un mes. Desde mi punto de vista, el fracaso de este programa fue una buena noticia para la salud cultural del país. No en vano, en su anterior late night show, Sardá había ofrecido un espectáculo cada vez más lamentable, erigiéndose por derecho propio en el rey de la telebasura. Tal como él mismo declaró en una entrevista, "Crónicas marcianas" le sirvió para ganarse el respeto del director de su banco, es decir, para engordar su cuenta corriente. Pero no es menos cierto que el programa no le acarreó el mismo respeto de buena parte la audiencia ni de la profesión periodística.
A la vista de los resultados, parece que el público está saturado de muchos de los contenidos actuales. Tengo la impresión de que hay una brecha cada vez mayor entre lo que ofrecen las cadenas y lo que interesa a los espectadores. Lo sorprendente es que los programadores sigan, año tras año, empeñándose en ofrecer más de lo mismo.
jueves, 7 de mayo de 2009
Punto de inflexión
La televisión está cambiando a un ritmo cada vez más rápido, de eso no cabe duda. Las audiencias del mes de marzo han supuesto la confirmación de una tendencia anunciada desde hace algún tiempo. Los canales temáticos, en su conjunto, han consegido superar a la cadena generalista de más audiencia (La 1).
Además, la tecnología aporta soluciones que hacen que la manida "convergencia" entre las redes informáticas y la electrónica cobre una nueva dimensión. Ya son varias las marcas que han lanzado al mercado televisores con conexión a internet. Se trata de un pequeño salto desde el punto de vista tecnológico, dado hace ya algunos años que existen soluciones para conectar el televisor a internet. Pero el hecho de que la conexión venga integrada en el aparato hace que la navegación sea más sencilla y puede provocar cambios importantes
en el modo de acceder a los contenidos. El más previsible es el aumento del consumo de vídeo por internet, frente a otros medios de transmisión, como la TDT, el cable o el satélite.
Este pequeño avance pone de manifiesto algo que ya comienza a ser un lugar común: que la TDT ha nacido obsoleta. Con los nuevos televisores, los grandes portales de televisión por internet -como Joost, Babelgum o TVU-, verán allanado su camino hacia el gran público. En efecto, parece que se trata de en un punto de inflexión.
Además, la tecnología aporta soluciones que hacen que la manida "convergencia" entre las redes informáticas y la electrónica cobre una nueva dimensión. Ya son varias las marcas que han lanzado al mercado televisores con conexión a internet. Se trata de un pequeño salto desde el punto de vista tecnológico, dado hace ya algunos años que existen soluciones para conectar el televisor a internet. Pero el hecho de que la conexión venga integrada en el aparato hace que la navegación sea más sencilla y puede provocar cambios importantes
en el modo de acceder a los contenidos. El más previsible es el aumento del consumo de vídeo por internet, frente a otros medios de transmisión, como la TDT, el cable o el satélite.Este pequeño avance pone de manifiesto algo que ya comienza a ser un lugar común: que la TDT ha nacido obsoleta. Con los nuevos televisores, los grandes portales de televisión por internet -como Joost, Babelgum o TVU-, verán allanado su camino hacia el gran público. En efecto, parece que se trata de en un punto de inflexión.
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